logo de Bodega Kieninger
0
0

Una bodega ecológica boutique en la Serranía de Ronda

Tres hectáreas y media de viñedo a 800 metros de altitud, rodeadas de frutales y una antigua alberca que recuerda el origen de la finca como huerta. Aquí los vinos se elaboran exclusivamente con uva propia, en ecológico certificado y con mínima intervención, buscando carácter, equilibrio y una expresión fiel del terruño.

Un proyecto familiar donde cada botella nace de una idea sencilla: respeto máximo al producto y a la naturaleza que nos lo brinda.

Cuentan en Arriate que Huerta El Corchero formó parte en otro tiempo de una propiedad mucho más extensa. Situada a unos 800 metros de altitud, en la Sierra de las Cumbres. El terreno donde hoy crecen nuestras viñas era entonces una zona difícil: con pendiente, atravesada por el agua que bajaba en torrente del monte cuando llovía y poco adecuada para los cultivos habituales de la dehesa.

Por eso, según la memoria del pueblo, este rincón fue cedido a unas monjas para que plantaran su huerta y algunos frutales. El agua llenaba una alberca donde muchos vecinos recuerdan haberse bañado en verano y venir a comer fruta directamente de los árboles.

Viñedo de Bodega Kieninger

Décadas más tarde, en 1998, Martin Kieninger descubrió este lugar casi abandonado y decidió asentarse aquí con su familia. Quiso conservar ese espíritu de huerta, por lo que en la finca no solo hay viñas: también se mantienen numerosos árboles frutales y varios árboles centenarios.

La antigua alberca recolecta el agua que baja directamente de los manantiales del monte y nutre nuestra tierra. Sigue ocupando un lugar central en la finca, desde donde se abre una vista privilegiada del viñedo, del pueblo de Arriate y de la Sierra de las Nieves.

Imagen de una calle del pueblo
Foto de la calzada
Foto de una calle adornada
Foto de una puerta de madera

Todo comenzó con un centenar de cepas, un pequeño depósito y una barrica. El primer vino sorprendió por su calidad y su carácter, lo que llevó a seguir plantando hasta alcanzar hoy unas tres hectáreas y media de viñedo.

En la finca conviven variedades francesas como Cabernet Franc, Cabernet Sauvignon, Merlot, Malbec y Pinot Noir y la blanca Chardonnay; variedades españolas como Garnacha Tinta y Tintilla de Rota; además de otras poco habituales en la zona, como la austriaca Blaufränkisch.

Viñedo de Bodega Kieninger

Todos los vinos se elaboran exclusivamente con uva propia, lo que permite controlar cada paso del proceso, desde el viñedo hasta la botella. La producción anual oscila entre 15.000 y 20.000 botellas, todas bajo la DOP Sierras de Málaga.

El trabajo se realiza en ecológico certificado, tanto en viñedo como en bodega. La filosofía es sencilla: calidad antes que cantidad, mínima intervención y máximo respeto por la naturaleza, buscando que cada vino exprese el carácter propio de la finca.

Trabajar el viñedo en ecológico implica asumir un reto constante. Las hierbas que crecen alrededor de cada cepa se retiran de forma manual, y el control de plagas se basa en una prevención cuidadosa a lo largo de todo el año, favoreciendo la presencia de fauna beneficiosa que forma parte del equilibrio natural del viñedo.

La observación minuciosa del viñedo y de las condiciones meteorológicas de cada año es fundamental. Utilizamos soluciones naturales, como la leche fermentada de vacas de la zona para combatir los hongos, e introducimos periódicamente fauna auxiliar que ayuda a mantener ese equilibrio reduciendo al mínimo cualquier otro tratamiento.

Al inicio del proyecto, Martin abrió una zanja alrededor de la finca para canalizar el agua que baja del monte y evitar que las lluvias arrastraran la tierra y dañaran la cosecha. Con el tiempo, esa zanja ha dado lugar a un seto, en parte natural y en parte plantado, que hoy rodea el viñedo y le aporta un carácter casi salvaje, reforzando la biodiversidad que protege las vides.

Imagen de una mesa preparada en el campo
Imagen de dos perros corriendo por la finca
Foto de la finca
Foto panorámica de la finca
Foto de hojas
Imagen de un olivo

La vendimia se realiza de noche, a mano y con luz frontal, para que la uva llegue a la bodega a primera hora de la mañana, cuando aún conserva su temperatura más baja. Durante los meses de agosto y septiembre, cuando el calor es más intenso, trabajar en frío resulta fundamental para preservar la frescura, evitar oxidaciones y conservar mejor los aromas.

La finca cuenta con un equipo formado principalmente por mujeres de Alcalá del Valle que lleva más de diez años vendimiando aquí. Son grandes profesionales, con una amplia experiencia en campañas por toda España y parte de Europa, y una parte esencial del proyecto.

Imagen de una mesa preparada en el campo
Imagen de dos perros corriendo por la finca
Foto de la finca
Foto panorámica de la finca

Una vez vendimiada, la uva se somete a una selección manual racimo a racimo para asegurar que solo la fruta en perfecto estado continúe el proceso.

Tras el despalillado, la uva pasa a depósitos de acero inoxidable, donde comienza la fermentación de los tintos. Esta se inicia de forma espontánea, con levaduras propias de la uva y del viñedo. Durante el proceso se controlan la temperatura y la densidad, y el sombrero se trabaja mediante bazuqueos manuales para extraer de forma suave color, aromas y estructura.

Una vez finalizada la fermentación alcohólica, el vino se prensa de manera delicada y comienza la fermentación maloláctica, en la que las bacterias lácticas, presentes de forma natural en un viñedo sano, transforman el ácido málico en ácido láctico, suavizando la acidez. Después, según el estilo buscado, el vino puede pasar a barricas de roble para su crianza o permanecer en depósito para mantener un perfil más fresco y frutal.

Los hollejos, pieles y otros restos sólidos que quedan tras el prensado, se devuelven al viñedo como abono, cerrando así un ciclo de elaboración respetuoso con el entorno.

Imagen de una calle del pueblo
Foto de la calzada
Foto de una calle adornada
Foto de una puerta de madera

En el caso de los blancos y rosados, tras el despalillado la uva pasa directamente a depósitos ovoides, donde fermenta a unos 15 °C y permanece entre cinco y diez meses antes del embotellado. La forma ovoide genera un movimiento constante de las lías finas, aportando cremosidad y untuosidad al vino. Además, el material de estos depósitos favorece una microoxigenación controlada. El objetivo es siempre preservar la frescura, el equilibrio y la pureza varietal.

Un equipo reducido para una bodega de escala humana, donde cada vino se cuida de cerca, desde la viña hasta la botella.

Al frente está Martin, bodeguero y enólogo, responsable de la elaboración de los vinos y del desarrollo del proyecto desde sus inicios. Jesús se encarga de gran parte de las labores del campo y de la bodega. Sonia está más enfocada en el enoturismo, recibiendo a quienes visitan la finca y compartiendo la historia, la filosofía y la forma de trabajar de la bodega, además de la degustación de nuestros vinos.

Sara se ocupa de la parte administrativa y de imagen de la bodega. A lo largo del año, el equipo cuenta también con la ayuda de diferentes colaboradores que contribuyen a que el proyecto siga creciendo sin perder su carácter cercano y artesanal.

Imagen del equipo de Bodega Kieninger
Imagen de una calle del pueblo
Foto de la calzada
Foto de una calle adornada
Foto de una puerta de madera

En los últimos años, la viticultura en Ronda ha vivido un proceso de recuperación que ha devuelto a la zona una tradición casi olvidada. Hoy, la combinación de altitudes, suelos y microclimas en un espacio reducido da lugar a una riqueza excepcional. Su ubicación entre el Atlántico, el Mediterráneo y el interior peninsular hace que confluyan distintas influencias climáticas, con vientos y precipitaciones que aportan complejidad y carácter al viñedo.

A esto se suma la singularidad de sus suelos, en los que aún pueden encontrarse fósiles marinos que recuerdan un pasado en el que estas tierras estuvieron cubiertas por el mar.

Cada proyecto interpreta este territorio a su manera, pero todos comparten un mismo origen: un paisaje diverso que se expresa en vinos únicos. Así, Ronda se ha convertido en un mosaico de estilos donde la variedad no es la excepción, sino la esencia misma de su identidad.

Desde esta antigua huerta convertida en viñedo, en el corazón de la Serranía de Ronda, nacen vinos que hablan de altitud, paisaje y cuidado.